En estos tiempos, en que corremos de aquí para allá, los horarios de trabajo se hacen interminables, acumulamos minutos en WhatsApp y de Instangram. Hacemos y hacemos para tener y apilar, competimos, nos esforzamos en ser mejores, aturdidos, bombardeados de tanta información, pensando en lo superficial y sin importancia mientras envejecemos...
Acorazamos los cuerpos para ponerlos fuertes y así afrontar el día a día, entonces los sentimientos y sentidos se postergan …después…la caricia de un gato…después… después…insistencia en un alerta constante, permanente, pero no basta…Un día cualquiera allá a lo lejos vemos una llamitta... tímida, cálida… son las Artes Internas... y nos surge la curiosidad y la intuición de algo distinto al día a día, atrevidas comenzamos a andar un nuevo camino quijotesco, platónico, ensoñador, visionario, bondadoso... el del Chi Kung y el Tai Chi Chuan.

Después... los movimientos se hacen lentos, las horas se disfrutan una a una, vemos pasar los pensamientos rescatando los que nos hacen sentir bien, muy bien . El exterior no nos aturde…miramos nuestro interior... apilamos buenas sensaciones mientras el cuerpo se siente cómodo, feliz, sabe que llegó “a casa” dentro de sí, donde está todo lo que necesita, ya no hay que competir ni superar. Como una ola en la costa, las sensaciones invaden, nutren cada célula, mejora el ánimo y el cuerpo se relaja porque ya no estamos alerta….estamos en casa.         


Texto redactado por la Inst. María Ester Dalmasso

 

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